Qué alegría tener nuevamente un artículo de nuestro hermano Fr. Jesús González, ofm. Habíamos hecho la promesa de que tendríamos más noticias sobre él, hoy se hace realidad. En esta ocasión nos presenta la realidad de un Continente que ha venido sufriendo a causa de varias enfermedades por muchos años; sin embargo descubrimos una enfermedad que es más grave: ¡la injusticia!Numerosos países sufren tanto por causa de la injusticia, de la pobreza, de la indiferencia de los países ricos y poderosos. No cabe duda: el poder y el dinero envenenan el corazón de la persona. Invitamos a nuestros lectores y amigos a orar por que en estas naciones pronto llegue la justicia, la paz y la salud que merecen como hermanos y hermanas que lo son de todos y cada uno de nosotros. ÁFRICA, CONTINENTE POBRE Y ENFERMO.El título y contenido de mi reflexión tiene como punto de partida la afirmación de un jornalista africano que traduzco: “La vida nunca fue tan precaria. Si no se muere en una de las muchas guerras civiles que no dejan de surgir, entonces no se escapa al sida, a la tuberculosis, a la malaria o a muchas otras enfermedades que se expanden sin control; en África ¡sobrevivir es una tarea ardua! Hasta parece que la muerte está por barrer nuestro continente” (Francis K’Ahenda).
Estas palabras describen una realidad que, si bien no podemos aplicar a todos los países africanos de igual manera, pueden servirnos como un retrato del continente africano.
En África la situación es cruelmente una paradoja. Baste pensar que los niños que hoy nacen tienen una esperanza de vida muy inferior a la de sus antepasados y esto a pesar de los maravillosos progresos dados por la medicina.

En siete países africanos la tasa de infectados de sida es superior al 20 % y los datos muestran un progresivo crecimiento. Los efectos ciertamente son devastadores. El sida afecta a millones de africanos degradando las condiciones de vida ya marcadas por la extrema pobreza. Lógicamente este flagelo tiene consecuencias negativas en las economías nacionales, por las muertes, ausencia en los trabajos o precarias condiciones de salud.
Hay países, como Ruanda, que dedican el 60 % o más del presupuesto dedicado a la salud para atender este problema, quedando sin atención otros muchos problemas.
El sida está también diezmando la clase docente. Sólo en Zambia mueren 1300 profesores por año que es también el número de docentes que se prepara anualmente para incorporarse al sistema educativo.
La industria y la agricultura son igualmente perjudicadas por este flagelo. Es un círculo vicioso que compromete los modestos pasos que África viene realizando a nivel social.
Para hacernos una idea: África Subsariana contiene casi dos tercios de los jóvenes que viven con sida, cerca de seis millones y medio, 75 % de los cuales son mujeres.
De todos los males, la pobreza es el mayor culpable, como afirma una adolescente que se prostituye en las calles de Nairobi: “Es mejor morir de sida mañana que de hambre hoy”. Y cuando le preguntaron qué edad tenía, sonrió y respondió: “La pobreza no tiene edad”.
La prevención es la mejor defensa contra el sida, pero en el África Subsariana los resultados hasta el momento son mínimos. Por ejemplo, apenas el 5 % de mujeres embarazadas tienen acceso a programas destinados a prevenir la transmisión del virus a sus bebés.

Hay dos países, Sudáfrica y Botswana, que teniendo elevadas tasas de infección tienen medios para financiar las propias campañas de tratamiento. Todos los otros países dependen de la generosidad de ayudas externas.
Si la pobreza es una de las mayores enfermedades que afligen a África, la pobreza y el sida juntos son un cocktail verdaderamente mortal.
Como en Italia, Argentina, México y otros países, los enfermos de sida en África podrían sobrellevar esta enfermedad si tuvieran acceso a los medicamentos, pero estos, sin ayuda estatal, siguen siendo imposibles de comprar.
Me conmovió el testimonio de Edwin Cameron, un seropositivo que es juez del Tribunal Supremo en Johannesburgo: “Yo puedo tomar las cápsulas, porque con el salario que tengo puedo comprarlas. Pero soy un ejemplo vivo de las injusticias que el sida trajo y aumentó en África, pues en un continente en que 290 millones sobreviven con menos de un dólar por día, yo puedo comprar todos los meses 400 dólares en medicamentos. En medio de tanta pobreza yo estoy aquí porque puedo pagar la salud, porque tengo medios para comprar la vida”.
Como si el tema del sida fuera poco, no faltan en África otras enfermedades mortales. Una de ellas es la tuberculosis. Y digamos de paso que los enfermos de sida están especialmente propensos a contraerla por tener bajas las defensas.

Por otra parte, la preocupación por el sida puede hacer perder de vista la lucha contra otro viejo y conocido enemigo: la malaria. Según un informe del Organismo Mundial de la Salud (OMS) todos los años el parásito transmitido por la mosquita anopheles cuesta la vida de dos millones de personas, en la mayor parte niños menores de cinco años. En África, uno de cada cuatro niños muere de malaria.
Nuevamente aquí se da el círculo vicioso. La malaria causa más pobreza ya que una familia llega a gastar el 25 % de su ingreso anual para tratar la enfermedad. Gracias a Dios el Organismo de las Naciones Unidas está pensando en la realización de una campaña masiva contra la malaria con la distribución de 60 millones de redes mosquiteras tratadas con insecticidas para distribuir en 30 países africanos.
Yo también uso esta red para prevenir el problema. No se puede estar con la red todo el día, pero ciertamente ayuda y mucho.
Para concluir con este panorama deseo mencionar las enfermedades relacionadas con la escasez de agua potable que son responsables de una parte de mortandad infantil. Me refiero, por ejemplo a la diarrea; y a la poliomielitis, que no puede ser curada pero sí prevenida con las vacunas, es otro de los flagelos africanos ya que el 75 % de casos de poliomielitis se registra en los países del centro y sur de África, donde se tiene una vacunación deficiente.
Los gobiernos africanos dedican presupuesto insuficiente para la salud. El Congo, país rico en materias primas, dedica el 2,1 % del PBI; Nigeria el 3,4 %. Los líderes africanos no se dan cuenta que la enfermedad es un enemigo más peligroso y mortal que muchos grupos rebeldes o vecinos hostiles.

Siempre queda la esperanza de un mundo mejor, África, con mucho, no es un Continente que se deja abatir por la desesperanza, se mantiene en lucha y quiere progresar como los demás continentes.
Reciban un cordial saludo y mi oración. En Cristo pobre y crucificado y en Santa María, su hermano franciscano y misionero en Mozambique:
Fr. Jesús González, ofm